Limpieza facial para una piel cuidada y bonita

Respetando el equilibrio de la piel

La limpieza facial es un gesto que hacemos todos los días, incluso sin pensarlo demasiado. Sin embargo, es un paso fundamental para cuidar nuestra piel y debe realizarse con conciencia.

Por este motivo queremos compartir nuestros mejores consejos para descubrir cómo hacer una limpieza facial correctamente y mantener tu piel sana y equilibrada.

¿Por qué es importante realizar correctamente la limpieza facial?

La piel facial debe limpiarse cuidadosamente todos los días, al menos dos veces al día.

Por la noche es necesario eliminar el maquillaje, la contaminación y la suciedad que se haya acumulado en el rostro durante el día.

Por la mañana, en cambio, libera la piel del exceso de sebo y sudor, le permite respirar y recibir todos los beneficios de los tratamientos cosméticos posteriores.

Cómo realizar una limpieza facial

En primer lugar, utiliza agua tibia: nunca ni demasiado fría ni demasiado caliente.

En segundo lugar, no utilices un jabón de manos o corporal: podría perjudicar la película hidrolipídica de la piel. Un limpiador facial es el producto específico que debes utilizar para proteger y restaurar la piel en caso de necesidad.

La elección del limpiador facial es un paso fundamental en el cuidado de la piel y debe realizarse de acuerdo con las necesidades de tu tipo de piel.

  • Si tienes la piel seca, se recomienda un limpiador con activos emolientes e hidratantes que elimine la suciedad con un mecanismo afín a la piel.
  • En el caso de pieles sensibles está indicado un limpiador muy delicado, sin tensioactivos y que contenga principios activos calmantes.
  • Si tu piel es grasa o mixta, necesitas un limpiador que desobstruya los poros y equilibre la producción de sebo pero sin alterar la piel.

Por último, no frotes la piel. Cuando te limpies la cara, realiza movimientos suaves, de arriba a abajo. Cuando la seques, sécate la piel presionando suavemente con una toalla.

Cómo elegir el limpiador facial

Como debes suponer, los limpiadores faciales no son todos iguales. De hecho, según el mecanismo de acción, se pueden dividir en dos categorías: por contraste o por afinidad.

La limpieza por contraste implica la eliminación de la suciedad gracias a la acción de los tensioactivos: moléculas capaces de incorporar y eliminar la suciedad y los lípidos sebáceos.

Los limpiadores por contraste son generalmente más populares porque los tensioactivos producen espuma, un elemento que de manera inconsciente se asocia con la limpieza. En realidad, más espuma no significa más limpieza. En cualquier caso, si usas limpiadores espumosos, aclara siempre bien la piel para evitar que los residuos de los tensioactivos queden en la piel, irritándola.

Los tensioactivos, de hecho, si son agresivos podrían afectar a los lípidos fisiológicos de la barrera cutánea. En el caso de pieles especialmente sensibles o patologías cutáneas como la dermatitis atópica (en la que ya se está produciendo una alteración de la barrera cutánea) esta puede agravar el malestar de la enfermedad.

La limpieza por afinidad, menos extendida pero más delicada, se basa en el concepto de "disolver a través de sustancias similares". En este caso se trata de una molécula lipídica, por tanto grasa, que absorbe sustancias similares a ella como el sebo y la suciedad, las solubiliza y las elimina de la piel.

Los limpiadores por afinidad son los más adecuados para pieles sensibles o muy secas, para niños y personas mayores y en todos los casos en los que la barrera cutánea está alterada, como en la dermatitis o psoriasis.

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